Membra Jesu Nostri
Fecha: 18 de septiembre 2026, 19:00h
Lugar: Salón de Baile Círculo de Belles Artes
Entrada: Libre
Fecha: 18 de septiembre 2026, 19:00h
Lugar: Salón de Baile Círculo de Belles Artes
Entrada: Libre
Dieterich Buxtehude (c. 1637-1707)
Membra Jesu Nostri
Ad Pedes
Ad Genua
Ad Manus
Ad Latus
Ad Faciem
Antonia Castaño, poeta
Laura Fernández Alcalde, soprano
Rosa Miranda, soprano
Teresa López, alto
Emiliano Cano, tenor
Simón Millán, bajo
Beatriz Amezúa, violín I
Isaac Martínez Pulet, violín II
María Barajas, viola da gamba
John Wasserman, archilaúd
Irene Galán, contrabajo
Marija Pendeva, órgano
Rodrigo Guerrero, director
«Je parle avec mon corps, et ceci sans le savoir. Je dis donc toujours plus que je n'en sais.» «Hablo con mi cuerpo, y sin saber. Luego, digo siempre más de lo que sé.»
Jacques Lacan, El Seminario, Libro XX. Aún (1972–1973)
Membra Jesu nostri, compuesto por Dieterich Buxtehude en 1680, propone un viaje extraordinariamente íntimo alrededor de un cuerpo herido. Cinco de las siete cantatas que escucharemos contemplan sucesivamente los pies, las rodillas, las manos, el costado y el rostro de Cristo. El texto medieval habla de llagas y de sangre, pero también de deseo, ternura, abrazo y consuelo. Esta noche, la palabra de Antonia Castaño recorre también esos cuerpos y los trae hasta nosotros. Su mirada no se aparta del cuerpo que sufre: se acerca, lo toca con la palabra, lo abraza y reconoce en sus heridas algo de las propias, tendiendo un hilo entre los versos antiguos, la música y todos nosotros.
Más de siete siglos después de aquellos versos, esas heridas pueden hablarnos también de las nuestras. Todo sufrimiento tiene un cuerpo. En él habitan el miedo y el deseo, la soledad y el amor, la pérdida y el gozo, la vergüenza y la esperanza. Hay cuerpos heridos por la enfermedad, pero también por la violencia, la pobreza, el desarraigo, la discriminación o la soledad. Hay pies que continúan caminando sin encontrar dónde detenerse, rodillas que ya no pueden sostenerse, manos atravesadas por el trabajo, el cuidado o lo sufrido, costados que cargan, reciben golpes y todavía se abren con cada respiración, y rostros marcados por el dolor, el deseo y la vida.
Quizá por eso esta música escrita hace más de trescientos años conserva una extraña contemporaneidad. Nos invita a acercarnos a la herida en lugar de alejarnos de ella, a permanecer junto al cuerpo vulnerable y a reconocer algo compartido en su fragilidad. Y allí donde las palabras quizá ya no alcanzan, la música sigue diciendo.
El recorrido termina en el rostro. Después de las heridas queda finalmente un rostro que mirar. Porque nadie puede reducirse a su dolor, a sus heridas ni a un diagnóstico. Siempre hay alguien: un cuerpo singular, una historia, un deseo, una vida.
En un Festival de las Ideas dedicado a Los Cuerpos, Membra Jesu nostri nos recuerda que aquello que parece suceder en lo más íntimo nunca ocurre enteramente dentro. El sufrimiento toma cuerpo, pero también lo hacen el deseo, el placer, el amor y la esperanza. Y ese cuerpo existe siempre entre otros cuerpos: en los vínculos que pueden herirnos, pero también sostenernos y repararnos. Quizá cuidar no sea borrar la herida, sino hacer posible que alguien pueda seguir habitando, con ella, su cuerpo y su vida. Amén.